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La Infancia de María

Publicado en 2.- Maria Molina el Junio 10, 2008 por Molina De Vicente

LA INFANCIA DE MARÍA
CONTADA EN POESÍA


Yo soy María Molina
granaína cual la zambra
que vine a este mundo un día
!bastante bien orientada!

Fue una mañana de otoño
en la ciudad de Granada
y en un marco tan divino
que el mundo entero envidiara,
pues detrás tenía la vega,
también el río Darro a mi espalda,
a la izquierda la Catedral,
enfrente tenía la Alhamabra.

Los jardines del Salón,
que el rio Genil los baña,
los tenía a mi derecha,
como quien dice, a mis plantas.

De vecina, ¡la Patrona!,
todos dirán: “¡casi nada!”,
la Virgen de las Angustias
que en mi tierra se idolatra



Y como gran corona
¡tenía la Sierra Nevada!.

Y hoy me pregunto en mis días
cuando me veo enamorada
de esta tierra tan divina
que me tiene cautivada:
“¿Cabe ser más granaína?!,
pues lo soy, ¡como la Alhambra!

Y me ausento de mi tierra.
aunque es la pequeña patria,
y me da un miedo alejarme
por si me acecha la parca,
mas le digo. “¡Tierra mía,
la que tiemblan tus entrañas
que pareces una madre
en los meses de gestancia!
¡no consientas que esta hija
se muera de ti alejada!…”

Y comprendo a un granadino
que en el exilio expiraba,
¡con una pena tan grande
que taladraba el alma!
¡y de forma tan sublime
hablaba de ti, Granada,
que de ahí la inspiración
que tuviera Agustín Lara
para escribir la canción
que ya el mundo entero canta
con tantísima emoción…!

Y comprendo a García Lorca
y en el río su pasíon
describiendo a sus gitanas…
¡y…cómo te conoció!…
También veo a Ganivet
la forma en que te adoraba
que hasta por ti enloqueció
¡¡y cómo volvió a Granada!!

¡Y jamás olvidaré
cómo te cantara Falla!
Y Albéniz supo también
describir en pentagrama
desde tu agua correr
hasta tu parte profana,
y tu bello amanecer
¡y el tocar de tus campanas!…

¿Y Pepita Serrador?
que quiso ser enterrada
en esta tierra de sol,
como lo es mi Granada,
trayéndola con honor
desde la Ciudad del Plata…

Y el himno que de pequeña
en el colegio cantaba,
describiendo Ros Incleres
amaneceres de plata
y bellos atardeceres
¡tan rojos como la grana!

¡Y adoro al rey Boabdil!
que a todos nos enseñara
a quererte con locura
cuando de ti se alejaba.

Lloró cual débil mujer
lo que al hombre arrebataban,
y también como un chiquillo
que sin madre se quedara,
aunque la llevaba al lado…
¡pero dejaba Granada!

Y ya no quiero seguir,
pues mi inspiración se acaba
y quisiera describir
cuando me echaron las aguas
en la iglesia de La Virgen
al poco fui bautizada
con María del Dulce nombre,
aunque soy un poco agría.

Mi padrino fue Montero,
fundador de la Banda
y de música profesor,
con ella estoy amasada
y a estas horas de Dios
¡no comprendo el pentagrama!

Y su esposa Guillermina
que de mi padre era hermana
fue quien me sacó de pila
y me puso una medalla
de la Santísima Virgen
pá que siempre me guardara…
(y la tuvo Encarnita
hasta el día que me casara.)
¡Que madrina tan juncal,
señorial y un rato guapa!
Dicen que para olvidar
un disgusto que hubo en casa,
duró el bautizo tres diás…
¡como boda de gitana!

Con un año nada más
al Albaicín fui llevada
a un carmen estilo moro
que mi padre diseñara
con mente de musulmán,
¡ya que embrujo destilaba
de la cancela al ciprés,
por su alberca, su tinajas,
la conejera, el corral,
las higueras centenarias,
la terraza, el palomar,
sus albaicineras tapias,
las zanjas para regar
las hortalizas, las plantas
y tantísimo frutal
que nuestra vida endulzara!

El huerto iba detrás
de una coquetuela valla,
y la parte del jardín
que le da fama a Granada,
¡hiceron tal huella en mí
que jamás será borrada!

Por las rosas, el jazmín,
los pensamientos, las dalias,
los mundos, los alhelíes,
las madreselvas y encarnas,
los celindos, hierba buena,
los geranios, y la albahaca,
La flor de pitiminí,
también las marisaladas,
y los jupiters gigantes,
que al moverse me asustaban,
y el bello galán de noche
¡que perfumada hasta el alma!

¡Había también cinamomos,
jacintos, lirios y malvas,
y también amor de hombre,
que sólo un día duraba…!
¡Y las humildes violetas
que en primavera asumaban,
muriendo en los crisantemos
que entristecían el alma!

Y todavía no he contado
los que éramos en casa,
sobre todo en estos días
que fue mi primera infancia,
¡contaré la parte alegre…
y me callaré la trágica!
Éramos siete en total,
dos hermanos, tres hermanas
y una madre jovencita,
que a los treinta no llegaba,
ya que tenía veintitantos
¡y parecía nuestra hermana!

¡Y un padre que era un sultán,
si no, se le asemejaba,
tenía una cosa al hablar,
y un poder en su mirada,
y una personalidad
que cautivó a las solteras,
las viudas, las casadas,
y a monjas, como don Juan,
a las feas, y a las guapas!

Y de aquel medio sultán
de poder en su mirada
que parecía encantador
de las serpientes de Arabia,
ya que dicen los demás
que hasta tocaba la flauta,
vine yo a este mundo un día
¡en lo mejor de Granada!
y de una madre jovial
que era una morena clara,
con los ojos más azules
que el cielo que me acompaña,
el rostro con arreboles
de atardecer en Granada,
y la piel como la nieve
que tiene Sierra Nevada.

También con un gran saber
que muchos se lo envidiaban,
pues le gustaba leer,
y estaba documentada,
sabiéndose defender
del que la tiranizara,
pues tenía una horadez
que Aixa Dar al Horra envidiara.

¡Y todo cuando dijera,
y todo cuanto contara
del carmen estilo moro,
de aquella madre tan guapa,
de aquel padre encantador
con aquel don de palabra,
de mis alegres hermanos
que engrandecieron mi alma,
y los días tan felices
que cimentaron mi infancia
sería quedándome corta,
pues no tendría palabras…!

¡Que bonito despertar
en cuanto rayaba el alba!
teníamos un laurel
que traspasaba la casa,
los pájaros en tropel
volaban de rama en rama,
y se querían coger
para seguir con su fauna.

Mis padres en el jardín
¡qué fresquito lo dejaban!
pues se ponían a regar
antes que acabara el agua
ya que tenían que llenar
la alberca y las dos tinajas,
dejando el agua pasar
a las colindantes casas.

Yo, como era pequeñita,
en la cuna me dejaban
y esa música bonita
desde ella la escuchaba,
así como a mi Encarnita
que al piano interpretaba
desde escalas de primero
hasta la música clásica.

Cuando pasaba ya un rato
subía a vestirme la tata
a la que yo quería
como otra madre en mi casa.
Despúes de desayunar
¡precioso todo quedaba!
y al ratillo aparecían
tres titias que yo adoraba,
a pasar en casa el día,
Concha, María y Encarna
¡qué domingos más felices
los de mi primera infancia!
¡todo en el mundo era mío,
no sé cómo esto se llama…
puede ser hasta egoísmo
o que estaba muy mimada,
pues cuando era pequeñita
estaba cachucheada
hoy con cerca de cincuenta
soy algo sofísticada…!

Y volviendo a aquellos días,
¡que felies se pasaban!
las tres titas que yo digo
la cocina les gustaba,
y se mataban gallinas,
conejos, chotos y pavas,
y hacían unas comidas…
que los dedos se chupaban.

Y venían las amigas
y nos llenaban la casa,
así como la familia
a comer jamón con habas.
¡Esto si era primavera!,
que en verano se bañaban
y se subían a las higueras
desde que rayaba el alba.
Despúes llegaba septiembre
y la fruta se cortaba
en el día de San Miguel
que era otra juerga en la casa,
y a partir del día aquel
empezaban las castañas.

Despúes, el mes de los Santos
¡que jamás se terminaba!
y nos ponía muy tristes
de oír tocar las campanas,
cual si todo hubiera muerto,
pues era el mes de las Ánimas,
Se encendía la chimenea,
las cortinas se colgaban,
las camillas, sus enaguas,
en el suelo las alfombras
que del frío nos aislaban.
Se hacía la gran limpieza,
y la alegría se adueñaba
de todos los corazones…
¡¡Pues se acercaba la Pascua!!

Granada 1973.